Apenas terminado el sexto partido de la serie final, Dirk Nowitzki se fue inmediatamente al vestuario. Luego volvió para recibir el premio y el MVP. No estaba acostumbrado a ganar hasta esta serie final, pero desde ahora no lo podrán volver a llamar “flojo”. ¿Por qué gano Dallas? Porque tuvo todo lo que tiene que tener un campeón. Tuvo en el alemán al jugador franquicia que todo equipo que aspira al campeonato necesita. Ese hombre que te garantiza muchos puntos por partido y al que se le da la pelota en los momentos decisivos, confiando en que va a saber resolver, como lo hizo en todos los últimos cuartos de la final contra Miami. Pero también tuvo a un grupo de jugadores de rol, que tuvieron bien en claro su función en el equipo. Sin ellos, Nowitzki no hubiese conseguido el anillo. Sin el rubio, tampoco hubieran podido ganar Kidd, Terry, Barea, Marion y Chandler. Se necesitaron entre sí. Los Mavericks hicieron honor a la frase “todos para uno y uno para todos”.
El ala-pivot nacido en Wurzburgo estuvo intratable durante todos los playoffs. Apoyó su juego en su prácticamente indefendible tiro a media y larga distancia. Mide 2,13m y lanza saltando hacia atrás y con una parábola muy pronunciada, lo que lo hace casi imposible de marcar. Además, si el defensor salta para taparlo, él no tiene problemas en amagar para penetrar hacia el aro y definir con una bandeja o una volcada. Por otro lado, tuvo un 94% en porcentaje de tiros libres en la postemporada (96,7% en las finales, con lo que estableció un nuevo récord para cualquier serie de playoffs en la historia de la NBA). Evidentemente, cortarlo con falta no es una solución para sus rivales.
Pero como se dijo previamente, el germano no hubiese llegado tan lejos sin sus compañeros. Jason kidd, a sus 38 años, fue el gran organizador del campeón. Lideró al equipo en asistencias y en robos, y en momentos calientes apareció con su tiro desde la tercera dimensión. Jason Terry entendió perfectamente que, pese a ser suplente, era fundamental para sostener la ofensiva del equipo cuando Nowitzki descansaba o estaba impreciso. Para destacar, fue el goleador del último partido de la final, con 27 puntos. José Juan Barea pasó por altibajos en las finales, pero por momentos se hizo indetenible. El boricua era clave para abrir las defensas con la penetración y terminar lanzando él o habilitando al compañero que quedaba libre. Shawn Marion, además de aportar valiosos puntos cerca del aro, fue, gracias a su gran defensa, una de las causas del bajo rendimiento de Lebron James en las finales. Por último, la llegada a mediados del 2010 de un pivot especialista en defensa como Tyson Chandler era lo que necesitaban los Mavs para cubrir en la pintura los espacios que dejaban libre los marcadores perimetrales.
Por Juan Limansky
No hay comentarios:
Publicar un comentario